“Si las buenas ideas no te hacen fuerte serás víctima de tus malas ideas”. Anónimo

Por: Dr. Alberto Reséndez Cahero

Promover la creatividad debería ser una de las metas que se deben perseguir al modificar el modelo educativo mexicano. Pero un modelo que se genere en base a las necesidades reales y que sea propuesto auténticamente por un consenso de todos los docentes y no un modelo impuesto al reformar la educación pues este debe ser integral y tomar en cuenta al profesor y al alumno al mismo tiempo deberá revolucionar la forma de ver la educación. Y esto debe ser propuesto responsablemente y no ocurrente.

Algunas culturas alientan y promueven la creatividad mientras que otras la inhiben y desalientan. América Latina requiere fuertemente esto.  Abrir espacios desde las escuelas a los espacios laborales para revolucionar la forma de ver el mundo e ir al encuentro de la generación de ventanas para progresar. Este es el único modo de salir adelante del actual estado en que están sumidos la mayor parte de los países, encadenados al dictado de los  países desarrollados.

Las implicaciones de estos factores para la humanidad son de importancia nodal y deben convertirse en una medida práctica para medir su dinamismo. Las dificultades superadas por algunos grupos sociales para sobresalir, ganar premios y reconocimientos superando dificultades económicas, familiares y técnicas.

Debemos recordar que para ser creativos no requerimos ser genios ni tener un coeficiente intelectual alto, de hecho la gente inteligente no es necesariamente creativa, aunque mucha gente creativa sí es inteligente. La creatividad es parte de lo que llamamos inteligencia, no existe separada de ella.

Curiosamente, un alto coeficiente intelectual ( I.Q.) puede inhibir la capacidad de abstracción de un individuo pues su autocrítica es muy rígida o bien porque aprende muy pronto lo que el contexto cultural le puede ofrecer. La gran capacidad de deducción siguiendo las leyes de la lógica y de las matemáticas produce pensadores disciplinados, pero no necesariamente creativos.

Howard Gardner identificó diversas inteligencias: lingüística, lógica-matemática, espacial, musical, kinestésica (del movimiento) e interpersonal. Este autor sugiere que cambiamos nuestra manera de pensar a la luz de las posibles inteligencias que una persona puede tener, centrándonos sólo en una, es decir, en el tradicional I.Q. La pregunta obligada es ¿Puede enseñarse la creatividad? ¿Nacemos con ella? La respuesta a ambas preguntas es sí. Algunas personas nacen siendo genios creativos, talentosos y altamente motivados. Pero existe evidencia que demuestra que la creatividad del individuo puede crecer más allá de su nivel actual. Influyen tanto la genética como el medio en que se desarrollan los individuos. Como profesor, coincido con lo que Eugene Peterson pregona al desafiar a la gente para decirles:

“La mayoría tenemos características que no hemos desarrollado todavía, en nuestro ser hay creatividad enterrada que todavía no hemos cultivado”.

Es importante pues que en toda  América latina se perfile la necesidad de impulsar la creatividad desde la niñez y esto sea parte del modelo educativo. Pues sólo a través de la creatividad lograremos trascender y ocupar el lugar que meremos. Sin el esfuerzo creativo seremos superados por la ineptitud.

Pongo a su consideración lo siguiente:

Nueve rasgos que distingue a la sociedad creativo-génica:

1.- Disponibilidad de medios culturales.

2.- Apertura a los estímulos culturales.

3.- Énfasis en llegar a ser, no sólo en ser.

4.- Libre acceso de todos los ciudadanos a los medios culturales sin restricciones.

5.- Exposición a estímulos culturales múltiples.

6.- Libertad o una discriminación moderada después de una opresión o exclusión absoluta.

7.- Tolerancia a las ideas divergentes.

8.- Interacción entre personas significativas.

9.- Adjudicación de premios o incentivos.