El hombre sólo puede trascender a través de la cultura pues ésta lo forja para aprender a hacerse colectivo.

Por: Dr. Alberto Reséndez Cahero

Muchos investigadores podrían argumentar que es en la genética donde se pueden encontrar todas las respuestas a esta pregunta. Sin embargo, lo que nos hace humanos es algo más que combinado con esto la modeló para convertirla en una especie de éxito sobre el planeta.

Cada vez que se mencione la importancia de factores genéticos y fisiológicos aparece la cultura. Muchos genios de la ciencia desde Charles Darwin hasta biólogos evolucionistas como Richard Dawkins, han aludido a la importancia de la cultura y el modo en que se entrelaza con la genética.

La teoría dice que genes y cultura se refuerzan mutuamente. Los científicos han propuesto modelos matemáticos de cómo la genética puede propiciar la selección de caracteres culturales y cómo éstas, a su vez, pueden acelerar la selección de cambios genéticos. Si gustas de ingerir queso, té o leche, eres un ejemplo perfecto de esto. Como la mayoría de los mamíferos requerimos de la leche como fuente de nutrientes cuando somos bebés, pero nosotros, a diferencia de la mayoría de este grupo seguimos bebiendo desde la niñez hasta la etapa adulta. La clave es una enzima: lactasa, que ayuda a la digestión de la lactosa de la leche. En la mayoría de los humanos esta enzima continua activa, en lugar de apagarse con el destete como ocurre en la mayor parte de los mamíferos. Se cree que esto obedece a la adopción de productos lácteos en la dieta de ciertas culturas, que hizo que fuese beneficioso evolutivamente tener el gen activo de la lactasa durante más tiempo. La demostración es que la mutación de este gen que se mantiene activo se ha desarrollado de forma independiente en distintos grupos de poblaciones alrededor del mundo, posiblemente emparejado con la domesticación del ganado bovino.

En contraste, los grupos que tradicionalmente no incluyen productos lácteos en sus dietas- muchas poblaciones africanas y asiáticas, por ejemplo- tienden a carecer de estas mutaciones que prolongan la actividad de esta enzima.

Sin embargo, la clave que hace especial a la especie humana concretamente ha sido el trueque. Digamos si yo soy bueno fabricando lanzas y tú mejor fabricando hachas. En lugar de intentar hacer de mala calidad ambas cosas, podemos intercambiar y ambos ganamos. Ahora extrapola esto al comercio del siglo XXI y notarás el beneficio de toda la sociedad. Por ejemplo si una persona no labra la tierra para obtener comida, pero trabajando en una compañía eléctrica puede proveer energía para los granjeros. Ejemplo, los chimpancés pueden aprender a realizar trueques hasta cierto punto, pero no son capaces de intercambiar la comida que más les gusta por comida que les guste más. Es posible que esto diera inicio con la división sexual del trabajo, en las sociedades de cazadores-recolectores con los machos encargados de cazar y las hembras encargadas de recolectar- Como menciona el escritor británico Matt Ridley:

“Los logros humanos están basados en la inteligencia colectiva- los nódulos de la red neural humana son las propias personas. Cuando cada persona hace una cosa y gana habilidad para compartirla y combinar los resultados mediante el intercambio, las personas se vuelven capaces de hacer cosas que ni siquiera entienden”.

 

así que quizá lo que nos hace humanos no es un gen, ni un cerebro ni ningún otro factor individual, sino la propia humanidad como conjunto.

Somos más que la suma de partes, somos un colectivo en evolución dinámica y cambiante. Donde la conducta adecuada nos da ventajas para sobrevivir colectivamente. Al compartir y asimilar, aprendemos y de este modo aventajamos en el planeta.

La cultura juega entonces un papel importante pues a través de ella se difunden nuestros mejores valores de supervivencia colectivas. El haber aprendido a ver esto como lo más importante nos ha permitido trascender al tiempo y pasar la estafeta generación tras generación. Muchas costumbres y tradiciones se trasmiten de generación a generación. Y su mejoría es palpable por el gusto de ser adoptadas de padres a hijos. Esto es importante para la especie humana. Es una excelente vía de aprendizaje colectivo.