Conviene reflexionar antes de burlarse de nuestra tan particular forma de hablar pues tiene más historia de la que imaginan.

Por: Alberto Reséndez Cahero.
Foto: Sol Balleza

Considero que ser tabasqueño es algo más que vivir en algún lugar de esta bella entidad. Es algo de orgullo, de ser nativo o hablante; rico o pobre significa, además, convivir con el calor y los moscos, incluso la persona que llega de cualquier lugar se contagia sin dejar de preguntar: “¿Qué jue? ¿Qui cite?”.

Es también de reconocer muchas cosas que Tabasco ha obsequiado al mundo además del cacao para producir el chocolate. El pochitoque jahuactero símbolo de nuestra entidad y que también ocupa los primeros puestos en razón de la popularidad de estos quelonios y muchas otras cosas derivadas de su riqueza natural, cultural y gastronómica.

¡Ay hermanito! Frase que denota preocupación.

Mi padre fue tabasqueño de corazón. Toda su vida, como muchos otros, vivió en su pueblo querido. Se casó y su matrimonio fue inquebrantable. Y lo más destacado fueron sus costumbres y su forma de hablar. Gracias a él y la solidez de nuestra familia, dicen por allí que familia que permanece unida es tabasqueña. Mi hermano y yo tenemos frases grabadas en nuestras mentes. Él se dedicó a la música y yo a la enseñanza. Poco después descubrió las mieles de la docencia.

“Doña esa” y “don ese”: Forma despectiva para referirse a un señor o señora que te cae mal.

Por mi padre aprendí que al pedir de comer se dice: “deme un bocaíto” de esa forma damos a notar que tenemos hambre, aunque en realidad no sea un bocado el que comemos. Y si al momento de servir la comida nos ofrecen algo de beber, con cortesía decir “bueno me convida un traguito”, así no seremos visto como gorrones o tragones.

“Buruqueándo”: Trasteando, revolviendo las cosas.

De igual forma asimilé que cuando alguien da vuelta a algo, nosotros para dar instrucciones precisas del movimiento necesario debemos exclamar: “Víralo tantito, sí así, cantéalo un poquito, como que jalas pa´llá y luego lo arrempujas”.

Mi padre también me enseñó palabras mágicas con las que puedes hacer que todas las cosas tengan un mismo nombre: “negocia”. No importa a qué te refieras, la otra persona le entenderá.

En Tabasco, las lenguas sustrato son el chontal y el chol que están casi extintas y muchas palabras empleadas por la gente derivan de la mezcla de estas lenguas y el castellano antiguo. Si usted viene a esta tierra conviene reflexionar antes de burlarse de nuestra tan particular forma de hablar pues tiene más historia de la que imaginan.

“Adiú”: Adiós.