Así que cualquier ritual de “año nuevo” no aplica para enero, cuando aún la naturaleza “duerme” en espera del despertar de la primavera.

Por: Dr. Álvaro Rosales Carballo.

En algún momento de las antiguas civilizaciones surgió la necesidad de contabilizar el tiempo durante el día, pero también el transcurrir de los días. El paso de un mes a otro era marcado por la órbita de la luna, ya que al regresar a su fase inicial, marcaba otro mes.

Los egipcios, utilizaban el movimiento aparente del sol y así calcular la crecida del río Nilo, teniendo ya un calendario de 365 días. Para los tiempos del Imperio Romano, el calendario era de 10 meses y la iglesia incluía un mes “undécimo” para ajustar, pero aun así seguía un desajuste que llevó a ubicar el invierno, cuando se estaba en otoño. Entonces en el año 46 a.C., Julio César ordenó una reforma al calendario romano; surgiendo ahí el año bisiesto.

El año iniciaba en marzo. De ahí el concepto de septiembre (séptimo), octubre (octavo), noviembre (noveno), diciembre (décimo). Pero con este calendario Juliano, el año iniciaba en enero. ¡En pleno invierno!

Como el problema de desajuste aún continuaba, el 24 de febrero de 1582, con la bula Inter Gravissimas el Papa Gregorio XIII, se dio un ¨salto” del 4 de octubre al 15 de octubre (1582), fijándose reglas para los años bisiestos y nace así el calendario Gregoriano, que adoptaron los países con influencia católica. Y actualmente considerado oficial, aunque cada 3000 años debe ajustarse.

La mayoría de las antiguas civilizaciones iniciaban su año en primavera, donde vemos que la naturaleza, “renace”: la flora emerge y florece, la fauna se reproduce. Así que cualquier ritual de “año nuevo” no aplica para enero, cuando aún la naturaleza “duerme” en espera del despertar de la primavera.

Incluso los judíos -de quienes se originó el “cristianismo”- han modificado su inicio. El Rosh Hashaná (1 de Tishrei) que en el 2018 entrará al 5,779 no acata sus propia Ley (Torá) o Pentateuco para los cristianos -Génesis, Éxodo, Levíticos, Números, Deuteronomio-. Ya que su mes Tishrei -significa séptimo- y está entre septiembre y octubre del Gregoriano. Porque a ellos -judíos y cristianos-, se les ordenó iniciar su año en el mes de Nisán -significa retoño-. Al presentarse la primera luna nueva de la primavera boreal. Que se presentan en marzo o abril según sea el año. “Este mes será el principio de los meses…”. “En el mes primero, que es el mes de Nisán…” (Éxodo 12.2./Ester 3:7.Reina-Valera 1909).

He aquí, nuevamente nuestra “vida moderna” nos sigue llevando por el camino contrario a la naturaleza, con los consecuentes daños fisiológicos, nutritivos, psicológicos y los que se acumulen.