La tradición del festejo de Día de Muertos va más allá del 1 y 2 de noviembre.

Por: Genaro Ruiz Espinoza.

La fiesta del Día de Muertos es una de las más importantes de México. Incluso, la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) la declaró “Obra maestra del Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

Sin embargo, mientras en las ciudades la tradición ha cambiado un poco, en las comunidades todavía se lleva a cabo la tradición como debe de ser.

La celebración del Día de Muertos no sólo dura dos días. Y en La Info queremos que el legado cultural siga trascendiendo a las generaciones.

 

Según los abuelos la tradición comienza en este orden:

28 de octubre se prende la primera luz (veladora blanca) y una flor blanca para dar la bienvenida a las animas solas.

29 de octubre se prende otra veladora y se coloca un vaso con agua dedicado a difuntos olvidados y desamparados.

30 de octubre se prende una nueva veladora, se coloca otro vaso con agua y se pone un pan blanco (bolillo o telera) para los difuntos que se fueron sin comer o los que tuvieron algún accidente.

31 de octubre se prende otra veladora, ponemos otro vaso con agua, otro pan blanco y colocamos una fruta (mandarina, naranja o guayaba) esto es para los muertos de los muertos (ancestros) o sea los abuelos de tus papás, (algunos tuvimos el gusto de conocerlos: bisabuelos).

 

1 de noviembre es el día que se conoce como dedicado a los muertos pequeños o niños es especial pues se pone toda la comida dulce, calabaza, guayaba, chocolate, miel, flores.

2 de noviembre conocido como el Día de los Fieles Difuntos o de los muertos grandes, fecha indicada para colocar toda la comida, cigarros y sus cervezas. Aclarando que todos los días de la celebración se ponen flores, se quema incienso de copal de preferencia.

• Al final, el 3 de noviembre se prende la última veladora blanca, se quema copal y se les despide pidiendo que vuelvan el siguiente año.