Al verlo tan pequeñito, la aguja era enorme, y créanme sigo sufriendo como aquél primer día.

Por: Má-Nan

Estoy segura que cada uno de ustedes amigos lectores daría lo que fuera por sus hijos, pues tenemos claro que criarlo significa hacer lo necesario para ayudarlo a crecer sano y salvo, tratamos por todos los medios posibles de evitar que se caigan, se raspen, se golpeen, creamos a su alrededor un sinfín de medidas de seguridad para protegerlos de algún peligro pero, ¿realmente los estamos protegiendo adecuadamente? Es decir, el cuidar que no se moje en la lluvia para evitar que contraiga gripa o que no se suba a un mueble para evitar que se caiga y se quiebre algún hueso o se rompa la cabeza, no lo es todo, debemos de saber que también podemos protegerlos de ciertas enfermedades como difteria, tos ferina, tétanos, poliomielitis, entre otras con el sólo hecho de vacunarlos oportunamente.

Sufrí en la primera aplicación que le pusieron a mi bebé, al verlo tan pequeñito e inofensivo que parecía que la aguja era enorme, y créanme, a estas fechas en la que ya le han aplicado tres más, sigo sufriendo como aquél primer día. Estaba muy nerviosa, apenas tenía unos días de haber salido de la clínica y ya estaba nuevamente en un centro médico, aguantándome todavía el dolor de la famosa cesárea pero de pie porque mi bebé tenía que recibir su primer vacuna; hasta ese momento creí que podía soportarlo, pero cuando ya estuve frente a la enfermera que estaba preparando la inyección, y dando al mismo tiempo las indicaciones de cómo sostener la piernita de mi bebé, sentí que el mundo se me venía encima y definitivamente se me fue todo el valor y decidí que fuera su papá quien se encargara de ello, y sólo me avoqué a acariciar su cabecita, pidiendo en silencio que no le doliera mucho, fueron segundos pero yo sentí que pasaron horas de angustia, pues sucedió que yo esperaba el llanto del bebé y nunca llegó; afortunadamente son tan valientes que a veces ni lloran.

 

Consejos para mejorar la experiencia

El personal médico responsable, nos explicó que las vacunas consisten en introducir una o varias moléculas al cuerpo para que el organismo del pequeño reaccione y aprenda a defenderse cuando el virus llegue de verdad, por lo que es normal que se presenten algunas reacciones como el incremento de la temperatura corporal, además de enrojecimiento en la parte donde fue aplicada la inyección; recuerdo que nos recomendaron que llegando a casa no esperáramos a que se presentara este incremento de temperatura corporal y le diéramos un baño con agua a la temperatura que usualmente usábamos, sólo que alargáramos el tiempo para que gradualmente el agua se fuera enfriando, y así lograr refrescar al bebé, además de no arroparlo en exceso y, si fuera necesario, aplicarle compresas de agua fresca y unas gotitas de paracetamol de acuerdo a su peso. ¡Ah! Nos hicieron hincapié en no frotar ni aplicar nada en la parte donde fue puesta la inyección, hicimos lo del baño y no fueron necesarias las compresas ni el medicamento. Hasta el momento, seguimos practicando esta misma medida y todo ha salido muy bien, claro, incluyendo el que sea mi esposo quien sostenga a mi pequeño cuando se trata de vacunas inyectadas.

 

No quiero asustarlos, pero si su bebé aún no tiene dos meses, prepárense porque llegando a esa edad son varias vacunas que se les aplican, y lo digo porque van a querer salir huyendo del centro médico cuando les expliquen sobre esto, pero tranquilos que no pasa absolutamente nada malo, al contrario, ese momento de angustia por el dolor que pueda sentir su pequeño ante más de un piquete de inyección, no se compara con la enorme protección que le están proporcionando a su salud.

La importancia de la cartilla

Algo muy importante que me permito sugerirles es que conserven y actualicen el cuadernillo que les entregan porque con ese registro podrán llevar muy bien el control de todas las vacunas que se le aplican, saber cuál es la siguiente y en qué fecha, y no permitir que se deje de aplicar en el tiempo que marca ya que hay algunas que se requiere nueva aplicación para refuerzo de la primera. Así también, si llegara a presentarse alguna reacción que consideren fuera de lo común, es mejor llevar al pequeño al médico e incluso no descartar la posibilidad de reportar la posible reacción adversa a dicha vacuna. Asimismo, les aconsejo que siempre que vayan a la aplicación de una vacuna, aunque sea tomada, informen si el pequeño en ese momento sufre de algún padecimiento pues su sistema inmune estará débil y se le estaría ingresando moléculas de otras enfermedades que pudieran complicarle su salud.

Me despido de ustedes esperando que la lectura de estas líneas haya sido amena, no sin antes comentarles que en nuestro país la aplicación del esquema de vacunación de niños menores de cinco años es gratuita en cualquier centro médico público, e independientemente de ello, los invito a seguir demostrando lo mucho que amamos a nuestros hijos, en este caso, llevándolos a que se las apliquen en el tiempo correspondiente.