Andrés Granier Melo, un ex gobernador polémico en la historia de Tabasco, al que tocó enfrentar la emergencia contra el agua.

Texto: Jaime Ruiz Ortiz
Fotos: Jaime Ávalos Gómez

Para la realización del libro “El Agua tiene Memoria”, platicamos con Andrés Granier. El patio de La Quinta Grijalva— recinto oficial del titular del Poder Ejecutivo estatal— está rodeado por una vecindad de loros parlanchines, flamingos que detienen la tarde entre sus patas, espátulas mordisqueando el agua en busca del sustento, celosas avestruces y ágiles venados que acentúan el paisaje adoquinado de La Quinta.

LA ÚNICA ENTREVISTA DE SEMBLANZA que concedió Andrés Granier Melo.

(Fragmento)

UNO

En los años noventa, su tío Francisco Armengol Hernández —con una clara visión premonitoria—, le dijo: “Tú vas a llegar a ser gobernador.”

El primero de enero de 2004, un día después de haber finalizado su trienio como alcalde del municipio de Centro, Andrés Granier se presentó en el programa radiofónico más escuchado por los tabasqueños: Telereportaje. Ese día, informaba que iniciaba su camino rumbo a la gubernatura del estado de Tabasco.

“Algunos podrían catalogar que estás loco” —le dijo el locutor Jesús Sibilla- por el tiempo que todavía faltaba para la siguiente votación.

Faltaban tres años para la elección del primer mandatario, y Granier afirmó esa mañana, con voz rotunda y la mirada fija en el objetivo que se había trazado: “Comienzo hoy. Son tres años. Tocaré puerta por puerta. Caminaré todo el estado. Visitaré la mayoría de las casas de Tabasco y les platicaré de mi proyecto.”

Pero El Químico sabía que le camino no sería fácil…

DOS

Gobernó el estado, del 2007 al 2012.

En el año 2007 enfrentó las peores inundaciones de Tabasco(1). Las aguas cubrieron más del 70 por ciento del estado y el 80 por ciento de la capital, Villahermosa, dejando como saldo más de un millón de damnificados, con daños y pérdidas por el orden de los 33 mil millones de pesos, de acuerdo al estudio realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED).

Durante aquella inundación, Andrés Granier caminó de manera incansable entre el agua y el lodo, para conocer y atender directamente las necesidades de la gente. También para organizar a la población en las tareas de evacuación de aquellas zonas inundadas y con alto riesgo, así como en las labores de distribución de ayuda y de protección del patrimonio de las familias, y de los sitios estratégicos que aún no eran afectados por el agua.

Acudía seguido a los noticiarios de Televisión Tabasqueña —la televisora propiedad del gobierno estatal— para informar la situación de las presas, los niveles de los ríos y del agua en las colonias inundadas, el número de damnificados, así como la ubicación de los refugios temporales que se habían instalado y de la creciente cifra de damnificados.

En pocas palabras, Andrés Granier asumió el liderazgo de la labor informativa —de orientación y de prevención— en esos momentos difíciles para todos los tabasqueños.

Constantemente aparecían mensajes en apoyo a su labor. Hubo un niño que le escribió un poema y se lo recitó en la televisión, en el que le pedía que tuviera fuerzas y que no se cansara de caminar en apoyo al pueblo de Tabasco.

Durante la inundación, Granier concedió muchas entrevistas a medios de comunicación nacionales e internacionales con corresponsales de canales chinos, estadounidenses, árabes, franceses, así como de las agencias Reuters, AFP, AP, EFE, Al Jazeera y la BBC de Londres —entre muchas otras—, que cubrían aquellos acontecimientos.

 

El golpe de agua

Una joven francesa que había venido a Tabasco años atrás durante un intercambio académico, le escribió por el Messenger desde Francia, a quien había sido su maestro en la Universidad del Valle de México de Villahermosa, el joven cronista tabasqueño Kristian Antonio Cerino, y le dijo:

―Maestro, ¿desde dónde me escribe? ¿Qué bueno que está usted bien? Agregó: Sé que Tabasco está bajo el agua. Estoy viendo que el gobernador [Granier] está hablando en la televisión [francesa]. “Las imágenes son devastadoras”, sentenció.

Tiempo después, apuntaba este periodista:

―Ellos creían que Villahermosa había quedado sepultada como una Atlántida bajo el agua.

La prensa definió aquello como “la peor de las tragedias” vivida por Tabasco en toda su historia.

Los helicópteros volaban como libélulas sobre una charca. En Internet circulaban las imágenes del fotógrafo tabasqueño Jaime Ávalos, que lo decían todo. En ellas se apreciaba a la cabeza colosal de la cultura Olmeca, custodiada por costales de arena, como un guerrero milenario sumido en agua hasta el cuello.

La gente de todos los estados se volcó en apoyo a Tabasco. Constantemente aparecían mensajes para que el pueblo mexicano donara ropa, víveres, medicamentos y todo lo que fuera necesario.

El equipo de fútbol español Real Madrid, donó un porcentaje de las ganancias del partido que jugó contra El Mallorca en el estadio Santiago Bernabéu. El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza dedicó corridas de toros a los afectados. Artistas como Miguel Bosé, ofrecieron conciertos y llegaron a donar un porcentaje de sus ganancias para los damnificados.

Tabasco era ―tal y como lo había descrito el poeta Carlos Pellicer más de medio siglo antes―: “Más agua que tierra”.

Tabasco estaba en el ombligo del mundo, en los ojos del mundo.

TRES

Para la realización de este libro, El Agua tiene Memoria, platicamos con Andrés Granier Melo. El patio de La Quinta Grijalva— recinto oficial del titular del Poder Ejecutivo estatal— está rodeado por una vecindad de loros parlanchines, flamingos que detienen la tarde entre sus patas, espátulas mordisqueando el agua en busca del sustento, celosas avestruces y ágiles venados que acentúan el paisaje adoquinado de La Quinta.

Lo esperamos durante algunos minutos en el interior de una cómoda sala barroca, adornada con flores frescas y frutas tropicales de temporada, que además de su aroma ofrecían su vistoso color. El Químico acude al encuentro. Saluda y escoge sentarse en un mueble de aquella sala. Bromea mientras acomoda unos cojines para sentirse un poco más a gusto y pide un té.

Le acercan un celular. Atiende una llamada de último momento. Al finalizar, el té se encuentra servido. El Químico está listo para conversar.

Después de hablar sobre sus inicios en SAPAET y de evocar a los amigos —recordando a todos por sus nombres— nos habla de los momentos más difíciles de su gobierno y de su vida, así como de aquella histórica inundación de 2007, de la que nunca ―dice― se sintió rebasado.

“Los momentos más difíciles fue cuando prácticamente estaba perdida la ciudad como si fuera una guerra. Nunca pensé en ‘tirar la toalla’, pues soy un hombre acostumbrado a luchar a contracorriente”.

Recuerdo que eran como las dos o tres de la mañana, estaba en el Malecón(2) a la altura del Mercado Pino Suárez. El agua estaba rompiendo la costalería. Buscaba por radio al ingeniero Héctor López(3) y a la ingeniera Clisceria(4), pero no los encontraba, pues ellos andaban por la colonia Gaviotas.

“Pocas veces he platicado esto ―confiesa con el temple de un hombre de sesenta y cuatro años (edad que tenía en el 2011)―. Me bajé de la camioneta, me apoyé en la barda del Malecón. Sentí rabia al ver cómo el agua nos ganaba la batalla y también impotencia de no poderla detener. Yo sabía en ese momento la magnitud de lo que iba a pasar, yo sabía el tamaño del daño que venía, podía medirlo en base a mis conocimientos”.

 

En este momento Granier se pone más serio y reflexivo. Voltea hacia todas partes. Mira hacia el piso de mármol. Reflexiona. Suenan las campanas anunciando la misa de las seis en la Catedral de Tabasco, que está a unos pasos de la Quinta.

“Recuerdo que se me salieron las lágrimas. No me pude contener y esa noche me puse a llorar”, dice con sus manos tomadas una contra la otra ―con los dedos cruzados: “Son experiencias pasadas”, externa pausadamente, mientras inhala un poco de aire.

Sonríe a medias. Se relaja y sigue hablando: “Pero no nos vamos a vencer”, evoca lo que se dijo para sus adentros aquella noche.

 

En ese momento habló por radio para que inmediatamente se evacuara a las personas en riesgo. Dio la orden de que abrieran las puertas del Palacio de Gobierno, de todas las dependencias estatales y, desde luego, de la Quinta Grijalva, que se llegó a convertir en el mayor centro de acopio y distribución de ayuda de todo el estado.

También ordenó que absolutamente todas las autoridades y funcionarios de gobierno, sin importar los niveles, hicieran un solo frente para servir a la población afectada. “En siete días no dormí”, apunta.

“Esos fueron los momentos más difíciles de mi vida, pero nunca me vencí. La mayoría de mi familia que vive en el centro de la ciudad, se vieron afectados. Todo lo perdí, hasta mi laboratorio de análisis clínicos. El agua se llevó mi título colgado en la pared. Perdí fotos y recuerdos que tenía en mi oficina”.

El gobernador nos cuenta que, al pasar por su negocio, en un recorrido en lancha con el presidente de México, Felipe Calderón, éste comentó: ¡Qué Bárbaro! ¿Y qué es allá adentro?
“Señor —contestó Granier— es mi laboratorio. Ahí fue mi casa, ahí nací. En la inundación se fueron parte de mis recuerdos… tantas y tantas cosas”.

Suena una tercera campanada de la Catedral, anunciando las seis de la tarde y que el tiempo de la entrevista se agotó.

Salimos junto con él de la casona. El cielo es gris afuera. Amenaza lluvia, como habían avisado en la mañana las noticias.

El Químico, que ya es gobernador, voltea a ver el cielo. El viento intenta despeinarlo, y, como quien dice lo que va a pasar en una película ya vista, afirma con certeza:

— Va a llover…

CUATRO

Quienes lo conocen y lo han tratado en alguna ocasión, afirman que Andrés Granier es dueño de una memoria prodigiosa. En los casos registrados a través de la historia, Lucio Scopion recordaba los nombres de todos los ciudadanos de Roma; Ciro, rey de los Persas, sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; y Séneca era capaz de memorizar y repetir dos mil palabras después de haberlas oído una sola vez.

 

Durante la inundación de 2007, en un recorrido por la costalera instalada junto al río Grijalva, un reportero le preguntó:

— ¿Por qué se inunda en los lugares que antes no se inundaban?

“Se han hecho construcciones ―respondió Granier― en lugares que no debía de ser. Donde antes eran lagunas ahora son casas, y se inunda porque el agua tiene memoria y siempre regresa al lugar en donde estuvo alguna vez”.

 

 

[1] En los siguientes años, Tabasco sufriría otras cuatro grandes inundaciones consecutivas como ningún otro estado del país en la historia moderna de México.

[2] Malecón de la Ciudad de Villahermosa.

[3] Secretario de Asentamientos y Obras Públicas

[4] Directora General de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado del Estado de Tabasco, después Comisión Estatal de Agua y Saneamiento.

Semblanza del autor.

Jaime Ruiz Ortiz (Villahermosa, Tabasco, 1975). Licenciado en Comunicación por la UJAT. Es periodista, escritor, promotor cultural, locutor de radio y director de la editorial Altazor.
Ha trabajado como productor y locutor de radio. Ha sido editor del diario Tabasco Hoy, encargado de la Información en el departamento de Difusión Cultural en el Instituto Estatal de Cultura y asesor en el área de Comunicación Social en la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS) de Tabasco, entre otros.

Es coautor de los libros Los Signos de la búsqueda, ensayos en torno a la vida y obra del poeta José Carlos Becerra; Lo que diga el poeta, ensayos sobre el poeta Carlos Pellicer, y está incluido en la Nueva antología de poetas tabasqueños contemporáneos.

Ha publicado los libros:
El Agua tiene Memoria (La historia del manejo del agua potable en Tabasco) Comisión Estatal de Agua y Saneamiento, CEAS, a través del Gobierno del Estado de Tabasco, 2012.

El hombre que inventó la oscuridad, una entrevista de semblanza sobre el poeta Teodosio García Ruíz (Primer eBook en la historia de la UJAT, y primera edición impresa: Fundación Cultura en Movimiento, ambas en 2014), y tiene tres libros inéditos.