El anonimato que proporcionan las redes sociales elimina el pudor o temor y da una percepción de mayor impunidad.

Redacción

Las expresiones y delitos de odio tienden a producirse cada vez más en línea que en abierto, ya que internet favorece el anonimato. Los agresores se esconden tras cuentas y nombres falsos para difundir ofensas, amenazas y ataques contra individuos o colectivos étnicos, religiosos, sexuales, etc.

Aunque no hay un perfil único de acosador discriminatorio en internet existen miembros de organizaciones de extrema derecha, pero también hay gente que participa en redes sociales espontáneamente. La dinámica de las redes favorece la desinhibición a la hora de expresar opiniones y prejuicios de manera impulsiva.

Los troles o haters, como se les conoce en el mundo de las redes sociales, suelen ser personas relativamente jóvenes, inconformes con el sistema y con la sociedad en general, que buscan llamar la atención y tener un “momento de gloria”.

 

 

Todos los seres humanos experimentamos emociones negativas como la envidia, la ira o la desesperanza. La diferencia de la persona violenta con el resto es su incapacidad para manejar esos sentimientos y no descargar ese malestar sobre otras personas o cosas. El hater encuentra su catalizador en la difamación o la destrucción de una figura pública.

El anonimato que ofrecen las redes sociales elimina además cualquier sentimiento de vergüenza, pudor o temor que pudiera darse en enfrentamientos directos y proporciona una percepción de mayor impunidad. La ‘protección’ de la pantalla nos está llevando a desarrollar un grado de intolerancia e insensibilidad alarmante, lo que puede convertirse en un caldo de cultivo muy peligroso en personas con ciertas características.

Las propias redes sociales tienen protocolos para que este tipo de conductas se denuncien y hay que hacer uso de ellos.

3 pasos para “sobrevivir” a un troll

Si eres víctima de uno de estos acosadores online, mantente tranquilo y actúa:

No alimentes al trol. El dicho de ‘hacer oídos sordos’ es la mejor opción ante los comentarios airados y fuera de tono. Recuerda que la mayoría de los haters lo que quieren es tener eco y publicidad.

Bloquea y denuncia. Si tu trol fastidia demasiado, lo mejor es bloquearlo a través de las herramientas que ponen a disposición las redes sociales. De este modo será imposible que interactúe más contigo. Para alertar de su mal comportamiento es recomendable reportarlo a la plataforma a través de su sistema de denuncias.

Acude a las autoridades sin dudar. Si, aparte de molestos, los comentarios caen en delitos de injurias, calumnias o amenazas, denúncielo a las autoridades. Es importante realizar siempre capturas de los perfiles y comentarios –son las pruebas de ese acoso–, además de recopilar toda la información posible sobre el acosador, como su nick, nombres, ubicaciones, biografía… Todo puede ser de utilidad en la investigación policial.

Los gigantes de las TIC, como Facebook, Twitter, Google, YouTube y Microsoft, manifestaron hace dos años su compromiso y responsabilidad para evitar la propagación del discurso del odio en sus espacios, y llegaron a un acuerdo con la Comisión Europea para promover un código de conducta que combata con más eficacia y rapidez la proliferación de los mensajes xenófobos y las conductas delictivas discriminatorias en sus plataformas.

Nombres falsos, cuentas anónimas un fenómeno descontrolado y más dañino

• La comunicación es masiva y descentralizada.

• Las redes tienen un enorme potencial multiplicador.

• Los contenidos permanecen indefinidamente si no son borrados.

• Los contenidos pueden saltar de una plataforma otra.

• El uso de pseudónimos y el anonimato están muy extendidos.

• Son un medio de comunicación “sin fronteras”.

• La sensación de “virtualidad” desinhibe.

Redes sociales convertidas en un espacio de comunicación incivilizado

• Daño emocional o psicológico a las víctimas de amenazas o acoso, por motivos
de odio e intolerancia.

• Erosión de la dignidad y la reputación de individuos y colectivos.

• Perpetuación de estereotipos discriminatorios, deshumanización y
estigmatización de colectivos.

• Reducción de empatía hacia los colectivos deshumanizados.

• Genera el caldo de cultivo propicio para que se produzcan delitos de odio y
actos discriminatorios.