Por: Má-Nan

Ya falta poco para que el reloj marque las diez de la noche, recargada en el barandal de la cuna, estoy agotada, mis ojos se cierran, siento que mis párpados pesan un kilo cada uno y de pronto… un dedo gordito me levanta un párpado, lo primero que veo son unos ojos hermosos, llenos de luz acompañados de la sonrisa más sincera y limpia que un ser humano te pueda obsequiar…sí, es bebé que no quiere dormir, al contrario, me busca para que continúe jugando con él y ¿cómo resistirme? ¡Si es el amor de mi vida!

Así son algunas de mis noches cuando mi angelito toma una siesta entre las 5 y 6 de la tarde sin que yo pueda evitarlo, y con ello logra recargar energía, tú y yo sabemos el resultado de esto. Estoy tratando de establecer un horario y hacerle el hábito de dormirse entre ocho y nueve de la noche, pues todos requerimos despertar temprano al día siguiente para llegar a tiempo a su guardería y a nuestros respectivos trabajos, además, de que, según varios estudios sobre la importancia del sueño en los niños, se ha descubierto que al dormir se activan zonas cerebrales y se logran varios beneficios, como el que favorece su crecimiento y desarrollo del sistema inmune; dormir más y mejor, reporta en el bebé significativos avances tanto en lo físico, lo emocional como en sus desarrollos cognitivos.

Mi trabajo es en oficina al igual que su papá, pero eso no deja de ser cansado si le añades que cada tarde después de comer hay que andar tras un pequeño que tiene pilas y si además lo dejas que las recargue de energía, te den las diez u once de la noche y ese pequeñín apenas esté iniciando su sueño… agotador ¿cierto? No importa cuáles sean nuestras ocupaciones, siempre será difícil, aun así, el amor de madre nos permite sacar, desde lo más profundo de nuestro ser, la fuerza que se requiere para terminar el día con una sonrisa y un beso para nuestros hijos, sin embargo, nos merecemos un descanso más prolongado.

Soy mamá primeriza, pero en estos meses a lado de mi pequeño y de haber ojeado diversas literaturas, estoy convencida que mientras más temprano digamos “buenas noches”, más beneficios obtiene el bebé y sus padres, también, he aprendido de ciertas prácticas que me han funcionado y si me lo permiten, se las comparto: en definitiva, si bebé quiere dormir entre 5 y 6 de la tarde, no se lo permito, detengo toda actividad que esté realizando en esos momentos para dedicarme sólo a él, le invento juegos, me lo llevo a dar la vuelta a la cuadra y a veces visitamos el parque del fraccionamiento (lo importante es que no duerma y se canse más); le doy un baño y si lo permite el clima, dejo que juegue con el agua y espuma de jabón, cuando ya está listo para dormir apago las luces de la habitación (apenas me alumbro con la luz que se filtra de la calle entre las persianas de la ventana), a veces me pide que juegue con él y ahí mismo lo vence el sueño, otras tantas, me estira sus bracitos para que lo saque de la cuna y que lo arrulle cargado y ¡claro que lo hago! Siento que cuando sucede así los dos dormimos más plácidamente jejejejeje y al rendirse esparzo por toda la habitación un rico aroma de hierbas combinadas, para que lo ayuden a relajarse aún más, y descanse profundamente.

Amigos lectores, es un orgullo ser parte de este proyecto, espero les haya gustado este primer encuentro de experiencias, y sobre todo que les sea de gran utilidad; disfruten a su familia y nos leemos en la próxima edición. ¡Suerte!